A nuestra Rosita;
En ocasiones la historia hace a las personas y en otras las personas hacen historia, y he aquí un claro ejemplo. En nombre de la juventud de la aldea, la cual estoy completamente seguro que apoyará este escrito, quiero hacerle llegar a Rosita y a su familia al completo todo nuestro cariño, amor y respeto.
En nuestros corazones seguirá latiendo cada principio de julio el son de su pandereta acompañada de vivas y vítores. En nuestros ojos brillarán las lágrimas perladas de Nuestra Señora de Los Dolores en cada paso procesional por las tortuosas calles de nuestra ya triste aldea. Nuestros veranos se volverán grises en sus amaneceres, nuestras conversaciones en la puerta del Teleclub esperaran una hábil respuesta cada atardecer y nuestras risas no volverán a crear la melodía de siempre por las noches.
Nuestra memoria nunca te olvidará. Quedarás allí protegida del paso de los años para nacer cada día en nosotros cuando sonriamos, cuando charlemos o cuando les contemos a nuestros nietos qué gran persona fuiste. Tu envidiable vitalidad, tu correspondencia y preocupación por los demás, tu fuerza y entrega impetuosa, tu implacable apoyo a la juventud, tu estimada comprensión, tus besos, tus abrazos, tu buen humor, simplemente eras tú.
A través del fluir de estas palabras y líneas quiero expresarle a la familia, tanto en mi nombre como en el de toda la juventud de Las Delgadas, nuestro más sentido pésame por su inexorable pérdida.
Nuestra Rosita deja en todos nosotros un gran vacío pero nuestros corazones quedan llenos de su esencia.
“La muerte no te separa de los seres queridos,
ya que es el sueño más profundo y los sueños no tienen distancia”
Javier Caballero García